Nuevo panorama geopolítico y su impacto en Grecia y Chipre

Seis meses después del ascenso de Trump al poder, el panorama internacional es fluido e incierto. Estados Unidos, que antes era un pilar de estabilidad, se ha convertido en un factor de inestabilidad, lo que afecta los intereses de Grecia y Chipre.
Las políticas expansionistas turcas crean problemas existenciales, mientras que las buenas relaciones entre Erdogan y Trump y la mejora geopolítica de Turquía exacerban la situación. La política exterior griega se considera poco fiable, con relaciones frías con Estados Unidos y aislamiento diplomático.
La alineación de Grecia y Chipre con las posiciones anti-rusas en el tema de Ucrania no ha producido beneficios, mientras que el problema de Chipre no se ha presentado como un asunto de invasión y ocupación. Los aliados guardan silencio sobre la ocupación turca de Chipre.
En el tema de Chipre, la discusión sobre Medidas de Fomento de la Confianza (MFC) y la apertura de pasos fronterizos no ha dado resultados. Aquellos que consideran que el problema de Chipre es una diferencia entre grecochipriotas y turcochipriotas ignoran el papel de Turquía, que busca el control de toda Chipre.
En la situación geopolítica actual, se necesita una nueva estrategia en el tema de Chipre y las relaciones greco-turcas, así como una reversión del declive político, cultural y moral. Grecia y Chipre deben convertirse en estados serios con una política exterior multifacética.
Se necesita una nueva estrategia conformada por los ciudadanos, que conduzca a un estado normal con derechos garantizados para todos. Atenas y Nicosia deben explotar los equilibrios geopolíticos para obligar a Turquía a aceptar un estado normal en el Mediterráneo Oriental.
La política exterior griega se encuentra en un punto de inflexión difícil y el problema de Chipre está en un punto muerto. Se necesitan medidas audaces y ajustes reflexivos.
Autor: Stephanos Constantinides