La explosión de Mari no fue un incidente aislado

La explosión en Mari en julio de 2011, que causó la muerte de 13 personas, fue un momento crucial. Por primera vez, miles de personas salieron a las calles, durante días, enviando fuertes mensajes al entonces gobierno, que permaneció en el poder, pero pagó el precio y el partido que lo apoyaba nunca logró sacudirse la responsabilidad y curar las heridas dejadas por la gestión de la tragedia.
Un incendio reciente, que quemó 125 kilómetros cuadrados en 17 pueblos, causó daños incalculables, muertes y un enorme desastre ecológico. La falta de una respuesta oportuna y eficaz pone de manifiesto la ausencia de lecciones significativas del pasado.
No es culpa de julio, ni del mal momento. Chipre no tiene las vastas extensiones de Canadá, ni las áreas de Limassol tienen el difícil acceso de las montañas de España o Grecia. Podríamos tener los medios y tomar medidas preventivas, evaluando los riesgos del cambio climático. Pero las prioridades del gobierno son diferentes.
A pesar de las garantías de preparación, las deficiencias en equipos y personal de extinción de incendios son evidentes. Además, el problema de los vertederos ilegales y la falta de coordinación entre los servicios responsables sigue sin resolverse.
Los fondos para la restauración de daños podrían destinarse a la prevención. Necesitamos acciones de inmediato, no palabras.